Una de las vivencias que más me marcó en la vida fue la de ver a mamá pelear contra el cáncer cuando yo tenía 12 o 13 años. Recuerdo entrar a su habitación, siempre con la luz encendida, tapada hasta el cuello y con una especie de turbante para cubrirse la cabeza pelada. En esta oportunidad ella trataba de alzar una copa de agua, entonces me acerco, le ayudo a sostenerla y cuando le suelto la mano, se le cae la copa. Llora, pero no se si es por el dolor que siente en el cuerpo, o por la resignación que le produce no poder ayudarse a sí misma. De estos recuerdos solo me quedaron algunos porque mi mente se encargó de borrar la mayoría. Es una situación dura y es complicado explicar lo que se siente. Pasaron un poquito más de diez años y a mamá le diagnosticaron cáncer nuevamente; se operó, y hoy, casi quince años después de su primera operación, fue operada por tercera vez y está con tratamiento de quimioterapia y rayos.

Mamá es una mujer muy fuerte. A diferencia de lo que se cree de la gente a la que le encuentran cáncer, mamá no parecía una persona depresiva. Siempre fue una mujer sumamente dedicada a sus hijos y generosa en todo sentido. Era seria también cuando no le obedecíamos, pero era la más graciosa de todas cuando estaba de buen humor. Ella se encargó de llevarme a la escuela. Por supuesto que siempre llegábamos tarde, por lo que hago mea culpa183295_10150102324124461_3776245_n porque personalmente no me esforzaba por despertarme más temprano. En fin, siempre salíamos tarde a la escuela y me acuerdo que cada año cuando empezaban los fríos ella frenaba la camioneta en plena avenida, bajaba casi corriendo, sacaba unas bolsas con zapatillas de números diferentes y se los entregaba a los «trapitos», o los chicos de la esquina de Chacabuco e Independencia (Corrientes) que le limpiaban el vidrio de la camioneta. A principios de marzo eran bolsas con útiles escolares y cuando frenaba, les preguntaba cómo estaban, les aconsejaba y les hacía reír. Yo, como siempre, me quejaba porque llegaba tarde a la escuela, pero les aseguro que esas imágenes muestran claramente cómo era mi mamá. Cuando cumplí quince años empezó a ejercer su profesión y no me alcanzan los dedos de la mano para contar las veces que trabajó gratis, que atendió a los clientes en casa en pleno almuerzo, o a las 10 de la noche en julio. Y no se quejaba, le gustaba lo que hacía y dedicaba mucho tiempo a pensar cómo solucionar los problemas de los demás.

Como toda relación madre-hija tengo que aceptar que nos peleábamos bastante. No importaba qué o cómo, pero la cuestión era siempre estar opuesta10734253_10152865238524461_8024520566864829455_n una de la otra. Decidí irme a estudiar lejos con uno de mis hermanos y se enojó conmigo, pero unos días después me confesó que si realmente era lo que yo quería hacer, me apoyaría. Cuando estuve lejos de ella la quise y la necesité mucho más que cuando la veía todos los días. La extrañaba, así que la llamaba y charlábamos largos ratos mientras me tomaba recreo del estudio. Me venía a visitar; no nos cocinaba mucho porque la cocina no es su fuerte, pero nos llevaba a comer afuera y nos llenaba la heladera. Creo que en esos cinco años que estuve afuera la valoré mucho más. Me di cuenta de todas estas cosas de las que estoy escribiendo. Aunque siempre la acusé de ser una mamá fría (de no ser mimosa o estar encima todo el día), acepté y dejé de compararla con otras mamás porque ella hacía lo que podía y realmente nos regaló su vida entera; se hizo el tiempo para estar con cada unx de sus seis hijxs y de atendernos a todxs de la misma manera. Eso, para mí, la convirtió en mi Súper Mamá.

El año pasado, antes de mi casamiento, empezó a estar más fría que nunca. Estaba distante, tenía una mirada perdida, no seguía las conversaciones y dejó de llamarme. Solo nos veíamos cuando la iba a visitar y realmente no estaba interesada en ayudarme en mi casamiento. La verdad que no me sorprendió tanto, o tal vez me convencí de que estaba un poco triste porque me iba a vivir a otra ciudad para siempre. La cuestión es que unos días después de mi casamiento ella convulsionó y ahora está operada y tratándose un cáncer cerebral. Igualmente no se supo desde un principio qué tenía, únicamente la veíamos como perseguida, deliraba y no tenía problemas en decir lo que pensaba. Pasaron los meses y casi un año después le sacaron todo el lóbulo frontal derecho.

Quedó impecable después de la operación. Con esto me refiero a que habla, se mueve y está más mimosa. Por supuesto que no es más mi mamá de 10329185_10152375752539461_417844993037029880_nhace 15 años. La mayor parte del tiempo está desganada y no tiene el mismo humor. A veces no quiere levantarse de la cama, está hinchada y está perdiendo el pelo otra vez. No tengo miedo de que se le vuelva a caer el vaso, pero tengo miedo de que no luche de la forma en la que luchó la primera vez.

Si alguien te cuenta que tiene algún familiar con cáncer, no trates de explicar nada, para eso está la oncología. Escuchá, abrazá y ofrecé tu ayuda. Te puedo asegurar que esas tres cositas nos ayudan a que estemos con energías para poder cuidar a la persona que amamos y que tiene cáncer.

Te dejo un artículo muy interesante del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos. Te va a aclarar un poco lo que nos pasa cuando cuidamos a una persona con cáncer, qué tenemos que hacer y cómo podemos ayudarnos a nosotrxs mismxs. http://www.cancer.gov/espanol/cancer/sobrellevar/familiares-y-amigos

Showing 4 comments
  • Ashia
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    Muchas gracias Clari por tus hermosas palabras que me ayudan tanto en este momento. Gracias por tu apoyo en la situación de mi hermana. Sos una mujer muy fuerte y inspirada a mi por escribir tus sentimientos crudos y honestos y ofrecer tu apoyo a la gente que tienen familiares con Cancer. dios te va cuidar y te cuide a tu mamá también. La relación que vos tenes con tu mamá me hace acordar tanto a mi y mi mamá y nuestra relación. También, mi mama tuvo Cancer de la mamá cuando yo tenía 15 años y fue muy difícil, lo superó. Te mando un abrazo grandote y estoy pensando y orando por ella y por ti y tu familia. Mil besos.

  • Norma
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    Hola Clarisa: yo la conozco a tu Mami y siempre fue muy dulce, muy agradable.
    Tambien lo conozco a tu Papa por supuesto.
    A veces es dificil pelear, yo me considero una luchadora porque enfrente al cancer y muchas vicisitudes de la vida pero tengo algo que es muy fuerte en mi : Tengo Fe ,soy muy creyente y me acuerdo del Señor todos los dias,en mis alegrias y mis tristezas y trato de pelear.
    Te cuento mi historia porque vi lo que puso Chuny hoy,ella me conoce.
    Y se que los hijos sienten mucho,los mios me acompañan en todo, me cuidan como a un cristal y yo les agradezco porque son mis tesoros…
    No todos actuan de la misma manera frente a los problemas pero te cuento un srcreto que sin EL , Señor no se sale de ninguno.
    Fuerzas y que puedas ayudar a mucha gente con el mismo amor que le tenes a Nelly.
    Cariños.Norma Lea.

  • ofelia juana Valloud DE KENNEDY
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    conoci a tu madre en las tempranas (6 de la manana) procesiones de la IGLESIA la CRUZ CUANDO SE REALIZABA LA NOVENA PARROQUIAL…SIEMPRE PENSABA, …CON LOS HIJOS QUE TIENE..!!!! QUE SERVICIO PRESTA A LA COMUNIDAD MANEJANDO SU CAMIONETA TAN TEMPRANITO…UN EJEMPLO DE MUJER Y MADRE….

  • Claudia Pasi
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    La describiste tal cual era Nelly, una excelente persona que ayudaba siempre a todos sin esperar ningún beneficio a cambio, una mujer fuerte y emprendedora, que tube la suerte de conocer y querer mucho. También observe lo que vivió en su primer cáncer y la acompañe, ya que mi mamá había tenido el mismo diagnóstico unos meses antes…Muy lindas tus palabras Clarisa…

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