Se va un año de muchos cambios, aprendizajes, «acostumbramientos», riesgos y satisfacciones. Van año y medio que decidí amoldar mi vida a mis hijos y todo empezó con una nota como la que estoy escribiendo. Me volví mamá bloguera, mamá tuitera, mamá canguro, mamá conciliadora y ahora mamá emprendedora.

Todo rapidísimo. Y mientras escribo desde mi oficina-local sonrío al mirar la gente que pasa y frena en la vidriera. Sigo en la computadora. Cosas nuevas para algunos, pero para mí es un estilo de vida que estoy armando y que lo comparto con los que se dan un tiempo para preguntar.

¡Pero qué arriesgada! —me dijeron algunos, y mi instinto me decía que no los escuche. Si supiesen que siempre fui arriesgada, pero si me equivoqué, aprendí, y si acerté, me puse feliz. El camino va a ser largo; mejor no cuento los días. Un año para que el negocio dé ganancias —pero estoy comprobando las estadísticas y disfrutando de hacer lo que me gusta de la mano de mi profesión.

En febrero me convertí en mamá de dos. Solía decirle a mi mamá que tendría 5 hijos. Hoy pienso que dos es un lindo número y todavía me estoy acostumbrando. Por ahí me desespero, se me va la paciencia, recapacito, vuelvo a pensar y al final siento que los dos pitufos que tenemos en casa nos definen por completo. Feliz por esto y en la lucha por no enloquecer en el intento.

Construir la casa nos dejó sin respiro y vivir a 6 K del centro con dos hijos me convirtió en nómada. Salgo a la mañana con uno y su bolso, trabajo, él juega, volvemos, almorzamos, cambiamos el bolso, cargamos al segundo y su bolso, dejo en natación a uno, con suerte el segundo duerme siesta, busco al primero, trabajo, volvemos a casa y en el medio como que se pasó el día. Si no fuera por mi suegra que siempre está ahí para ayudar en lo que sea, no hubiera hecho nada en estos últimos dos meses, ¿o años?

Perdí la noción del tiempo. Las horas como que no duran nada, una siesta, 2 mates fríos —porque te olvidás de tomarlos. Hay una frase en inglés que dice, time flies when you are having fun (el tiempo vuela cuando la estás pasando bien). No sé si representa perfectamente lo que está pasando en mi vida como mamá de dos, pero de que el tiempo vuela, ¡vuela!

Por eso me emociono cuando lo veo al segundo gatear hacia donde está jugando el primero. Parece ayer que lo cargaba con el fular y me acompañaba muy pegadito a mí adónde sea que íbamos con el primero, que se convirtió en un hermano mayor un poco sobreprotector, pero también en el hijo más tierno y charleta.

Un año entero en palabras, difícil de resumir, pero con imágenes de una mamá nueva que intento armar. Agradezco no tener miedo a lo nuevo y no tener miedo a escribir (es mi mejor forma de hacer catarsis); te invito a que lo intentes. Agradezco también haber emprendido este viaje completamente volátil acompañada del mejor, el único que intenta entenderme, que me baja a tierra cuando ando loca, que conoce lo que vivo, que lucha conmigo, que se alegra conmigo y que me recuerda que el esfuerzo siempre, siempre, vale la pena. Hablo de Pulguita, mi marido, mi amigo y mi ejemplo.

Mamá de dos soy ahora. Tratando de quedarme quieta, cuidar al que se enfermó, concentrarme en las palabras, atender a las mamás que vienen locas a comprar para las fiestas, tomar dos mates fríos y aprender algo nuevo todos los días. Estoy lista —para las vacaciones, digo. 😉

No me quejo. Gracias a Dios por mi familia y por la familia ampliada que heredamos. Por este año loco lleno de novedades, oportunidades y puertas abiertas. Vamos por más.

¡Chinchín, mamás lectoras! Que la Navidad nos renueve el alma y el 2016 venga con más desafíos <3

Comments
  • Ali
    Responder

    Felicitaciones amiga! Estamos juntas en esa… Jajajaja

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